domingo, 30 de abril de 2017

"A cualquiera puede sucederle"

Pasaba mucho tiempo con Juan Luis, nos criamos juntos, crecimos juntos, fuimos al colegio, al instituto, a la universidad.
Jugábamos a basket, salíamos de copas. Nos gastabamos bromas y tengo que reconocer que a las chicas se las llevaba de calle,
 me venía muy bien a mi, que soy un gran tímido. Alguna que otra vez ligué gracias a él.

Nuestras vidas transcurrían felices y en paralelo. Incluso sentamos la cabeza a la vez. Conocimos a dos chicas que viajaban en el AVE hacia Madrid para ver a ColdPlay. Cris y Julia, eran de Málaga como nosotros, habian terminado Filología Inglesa e iban a celebrarlo a Madrid ese fin de semana. Juanlu y yo íbamos a ver a nuestro grupo preferido, a la vuelta a Málaga teníamos que ponernos las pilas con el proyecto fin de Carrera, pero por delante teníamos un fin de semana de concierto y fiesta. Que suerte tuvimos. O fué el destino.

Yo estuve  tres con Cris  y nos casamos en la Iglesia de Los Mártires. Juanlu al terminar la carrera se fué a vivir a Barcelona con Julia. Estábamos todo el día mandándonos fotografías con el WhatsApp y hablábamos a menudo. Y todos los años no faltaba a la cita con nuestra cofradía, donde sacábamos a nuestra Virgen,  desde los diecisiete años. Ya venían a vernos Cris, Julia y mi hija pequeña. Juanlu y Julia no tenían hijos, seguían pensando que aún no era el momento.

Después de Semana Santa, empezamos a conocer por la prensa que en Barcelona había aumentado el número de radicalizados. Para entendernos, de terroristas en potencia. 

Juanlu, espaciaba más sus llamadas y sus WhatsApp, por Julia me enteré que Juanlu había hecho amistades por Internet y que iba mucho a la mezquita. Y si seguía así lo iba a dejar. 

El que era cofrade…y católico. Unas semanas antes de Navidad recibí la noticia de que lo habían dejado, ella no aguantaba más, Juanlu no era el mismo. Su bonita relación se rompió.

Pasaron los meses y llegó Semana Santa y Juanlu vino desde Barcelona. Le habían guardado su puesto en el trono. La tarde de la salida lo noté nervioso y esquivo, no era el de antes. Intenté tomarme un café y hablar con él sobre Julia y no me dió opción. Era Jueves Santo, se aferró al varal a los primeros toques de campana que daba el alcalde. Callado.

Mi primo Juan Luis, era arquitecto de profesión, malagueño, católico. Mis tíos dueños de una tienda en el centro, donde él echaba una mano antes de ir a Barcelona a vivir. Allí muy poco a poco dejó de ser el mismo.

Pasábamos por calle Larios y mi primo aprovechando la última parada del el trono antes de entrar en la Plaza de la Constitución, grito en árabe: “Alá es grande” y se inmoló. Cincuenta muertos y cientos de heridos.

El atentado más brutal en España después del 11M. El que escribe este relato puede contarlo porque no lo ha sufrido y espero que nadie lo sufra. Para ello trabajan nuestros Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pero ¿estamos concienciados que la amenaza es real?

@jcebreros20

martes, 4 de abril de 2017

Mejor un hasta luego, que un adiós. (Semana Santa de Málaga I)


Años atrás, por estas fechas, las mariposas sobrevolaban mi barriga, como un ritual limpiaba unos zapatos negros, cuidaba de la túnica de terciopelo negro y el cíngulo dorado, mi madre me planchaba los pantalones de pinza y la camisa blanca. Los guantes negros que no se olvidase y el capirote que no se doblase. “Vámonos para el Molinillo” me decía mi padre embutido en un traje gris marengo con  diplomáticas rayas, olor a Varón Dandy, escudo de oro en la solapa y la medalla corporativa y un cigarrillo rubio, nadie le había regalado nada por ser Cebreros en la Hermandad de los Carteros, al contrario el trabajo de restaurador le salió gratis a la hermandad. El entusiasmo y el verdadero amor por el Arte, nunca lo olvidó. Muchas veces las cosas hechas con amor, son las que nadie puede pagar. Podrán agradecer, se pueden olvidar, pero pagar….no hay dinero para pagar el amor, por una Vírgen.

Después la restauraron otros, la Virgen de los Carteros, me da la impresión que no ha ocupado ese lugar preferente que merecen las verdaderas obras de arte, respaldadas por unas inquietudes cofrades y un entusiasmo fuera de lo común.

“Yo quiero llevar a la Piedad” mi gozo en un pozo, había listas de espera, tanta que dejé de pagar las cuotas de hermano y solamente volví a la Casa Hermandad para hacer fotos, muchos años después. Mucha amabilidad con aroma a ginebra y ron, un Viernes Santo.
Mi hermano, con una lumbociática, en cama, era Lunes Santo, yo un niñato, ¿tu no tienes ganas de sacar un trono? Pués me lleve la túnica de mi hermano y en los Mártires me colé, con unos diecisiete años. Nunca olvidaré ese trono con cinco varales con el borde de madera. Yo iba en la cola, varal C-5. Ya no se me olvidó jamás lo que es sacar un trono a la calle y encerrarlo.

Pasaron los años y la misma ilusión que tenía cuando niño en la Virgen de los Carteros, tenía por sacar Jesús de la Pasión, lo dejé en el A-2, que no dejaba que me arrebatase ningún enchufado de turno, ese puesto era mío, ganado con los años. Porque mira que hay encufados en las cofradías, mira que hay petardas y petardos, gente muy mal educada, que con una medalla en el cuellos se creen que tienen derecho a todo. Así nos va.
Una carta al hermano mayor diciéndole los motivos que tenía para irme de esa peña, ceñida de esparto, despertó su curiosidad, “mire usted que me voy por motivos personales”, por no decirle los verdaderos motivos. En fin, el feriante pagano, disfrazado de nazareno….
Y aterricé en Cautivo. Una compañera de trabajo tuvo la culpa. Al igual que una campaña publicitaria para elegir la nueva junta de gobierno y ver como se aprovechan de las cabezas de algunos para pisarlas, me hizo pensar que en las cofradías hay que dejar los sentimientos a un lado y si quieres vivir la fe, hay que hacerlo fuera del círculo cofrade, fuera de esos misticismos falsos, de ese “como quiero y no puedo, pues lo intento en una junta de gobierno”. O “el sueño de mi vida lo he cumplido: ya soy Hermano Mayor” Allá cada uno con su escala de valores, cada vez más debilitada.

Y también salí de aquella cofradía. Hay personas que sí merecen estar al lado del Cautivo, yo no.

Y la fotografía cofrade en medio de todo este follón de las cofradías. He hecho lo que he tenido que hacer en estos años, he hecho fotos, he escrito…he pasado buenos ratos, pero ahora toca poner punto y aparte. Me voy, pero vengo pronto. Espero venir pronto con esa ilusión del chaval que se compra la cámara y se quiere comer el mundo. Porque si de una cosa estoy seguro es que me duele La Semana Santa. Me duele Málaga. Y ahora lo mejor es no estar. Esto es un hasta luego, un nos vemos, un que os vaya bien, un suerte amigos….Pero lo siento, mis padres no me trajeron al mundo para vivir del peloteo, me trajeron al mundo para vestirme por los pies y decirle al pan, pan y al vino, vino.

@jcebreros20